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MANEGUA

LA ILEGALIDAD COMO HERRAMIENTA PARA LA SUBVERSION

Como cubano ya no sé qué pensar cuando descubro al amanecer de cualquier día, que el Gobierno de Estados Unidos de América ha implementado nuevas medidas para lograr el innoble fin de destruir el sistema social imperante en la Isla.

Para cualquier ciudadano resultaría ofensivo saber que un gobierno extranjero pretende imponerle qué ver, en la televisión y qué escuchar en la radio, con matices evidentemente injerencistas, violando la soberanía del país agredido, con el objetivo de subvertir el orden establecido.

Creo que toda la política del Gobierno de Estados Unidos contra Cuba es ilegal, pues se ha basado desde sus inicios en el afán de hacer desaparecer a la Revolución Cubana, por constituir un elemento disonante en el continente teniendo en cuanta la justicia social que se ha generado desde el primero de enero de 1959.

Por ello, la ilegalidad ha presidido todas las acciones emprendidas por Washington, en las que el garrote ha estado presente como arma de disuasión y de presión, dirigida hacia aquellos que intentan desprenderse de la tutela norteamericana.

Ilegal es el bloqueo económico, financiero y comercial, que desde hace casi medio siglo se impuso contra el pueblo cubano, tratando de asfixiar una economía que en aquel entonces dependía extraordinariamente del vecino del norte.

Jugaron esa despreciable carta para exacerbar ánimos en el pueblo contra el Gobierno, a tenor de las limitaciones que ese bloqueo generó en la vida de la nación, pero se equivocaron en aquella ocasión, como se han equivocado en las subsiguientes, ya que no tienen en cuenta el pensamiento de la mayoría de los que habitamos el país.

Pensaron que el pueblo se sublevaría contra el Gobierno Revolucionario debido a la escasez de vitales recursos para el funcionamiento de la nación, pero ante esa agresión que sigue siendo el bloqueo, el pueblo no solo resistió, sino que encontró vías para enfrentar el ataque y avanzar.

Ilegal también fue el artero acto de la invasión por Bahía de Cochinos en abril de 1961, pues no había una guerra declarada entre Cuba y Estados Unidos, pero que sirvió, a pesar de las pretensiones del Gobierno de Washington, para que el mundo conociera de las aviesas intenciones de aquel bárbaro hecho que contó con la asesoría, el financiamiento y la logística del ejército norteamericano.

Hay más ilegalidades cometidas por Washington contra el pueblo de Cuba tales como la organización y armamento de las bandas de contrarrevolucionarios en El Escambray, en el centro de la Isla, las que cometieron horrendos crímenes, como los del alfabetizador Manuel Ascunce Domenech y su alumno, el campesino Pedro Lantigua.

Ilegal, por parte del Gobierno de Estados Unidos de América, es utilizar a su Oficina de Intereses en La Habana, como bastión de la contrarrevolución en la Isla, donde se imparten órdenes, orientaciones a los grupúsculos de traidores, empeñados y empecinados en hacer realidad los propósitos desestabilizadores y anexionistas de las administraciones norteamericanas en relación con Cuba.

No hay nada transparente en la política del vecino del norte hacia Cuba, todo se basa en la ilegalidad, en lo ilegítimo, y otra prueba es el otorgamiento de los 80 millones de dólares para ese plan de transición para una Cuba Libre que auspicia la administración de George W. Bush.

Ese dinero, sustraído de los bolsillos de los contribuyentes norteamericanos, sirve para mantener a una caterva de vagos en Cuba, que cada mes esperan las migajas que la bien denominada Mafia de Miami, permite que lleguen a las manos de esos falsos informadores, que no son ni periodistas ni independientes.

Pero una de las últimas decisiones de ese Gobierno de Estados Unidos radica en la posible utilización de emisoras comerciales de radio y televisión para sus fines propagandísticos, un arma de las pocas que le pueden quedar en el maquiavélico arsenal destinado a la destrucción de un país.

Radio y Televisión Martí, aparte de ofender diariamente a nuestro Héroe Nacional, son ilegales, pues transmiten hacia una nación con el declarado objetivo de derrumbar su sistema social, algo no hizo Washington para destruir el oprobioso apartheid que el Gobierno de Sudáfrica utilizó para reprimir a la mayoritaria población negra de ese país.

Tampoco Washington usó esos medios para combatir a las dictaduras de Somoza, en Nicaragua, la de Trujillo en República Dominicana, la de Duvalier en Haití, ni la de su hoy extinto ahijado Augusto Pinochet en Chile, ni la de los generales argentinos, ni la de Uruguay. Por qué entonces Cuba?

La ilegalidad forma parte de las mismas esencias del actual Gobierno de Estados Unidos, y eso el pueblo de ese país debe saberlo, porque le arrebataron unas elecciones en sus narices y que la Corte Suprema de Justicia magnificó de manera irracional legitimando una acción que ensombrecerá para siempre a la democracia norteamericana.

Algún día el pueblo norteamericano sabrá de estos desmanes, de esas ilegalidades, que permiten la existencia de una mafia de ladrones, que en Miami le ha succionado el sudor de su trabajo, su riqueza, para tratar de alcanzar el imposible sueño de destruir a la Revolución Cubana.

Por último, la pretendida utilización ahora de emisoras comerciales de radio y televisión, descubre algo que no debe soslayarse: esa decisión es hija de la DERROTA  y el FRACASO, Porque entonces para qué el globo destinado a la humillante Radio Martí, para qué el avión destinado a la transmisión de la ultrajante Televisión Martí?

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